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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007.

03/01/2007

Etapa 6: Rumbo SO-SO

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Mi amigo Rafa dice en el patio de su casa que ha leído que esto de los blogs es una moda pasajera camino de la extinción. No sé cuánto durará esto de los blogs, pero yo por si acaso me rebelaré contra la pereza y continuaré el viaje, no sea que los blogs se extingan antes de su fin y nos quedemos varados en el Antártico Sur rodeados de pingüinos.

 

Como recordaréis habíamos dejado la Isla Grande, que como su propio nombre indica es la isla más grande del archipiélago de las Islas Salvajes. Dejamos atrás a los guardas portugueses y sus fados y cruzamos el pequeño estrecho que separa la Pitón Grande de la Pitón Pequeña, las islas menores de las Salvajes. Estas islas están completamente deshabitadas y carecen de guardas, pero pocas ganas nos quedan de desembarcar aquí, no sea que algún guarda se venga nadando a cantarnos más fados.

 

Fijamos rumbo SO-SO y pronto avistamos en la lejanía un pico que corta el horizonte. Es el Teide, visible desde gran distancia con sus 3.800 metros de altura. Al poco vemos varios picos más que cortan el horizonte. Son las montañas de otra isla con sus nada desdeñables 2.400 metros. En pocas horas arribamos a nuestro destino: la isla de la Palma.

 

Llegamos al puerto de Santa Cruz y rápidamente nos buscamos un buen hotel donde ducharnos y gozar de camas amplias y habitaciones espaciosas y confortables… ¿os parece bien el Parador Nacional?

 

Pasaremos unos días por aquí realizando excursiones y descansando. Imprescindible patear bien la Caldera de Taburiente, que ofrece unas excursiones maravillosas. Desde arriba podemos observar el Teide en la lejana isla de Tenerife, el pico siempre presente en el horizonte canario.

 

Si no recuerdo mal es ésta la última isla canaria conquistada a los guanches. Aquí Tanausú resistió hasta el final y fue vencido. Si queréis profundizar sobre al isla y su historia pinchad aquí. Aunque en la wikipedia, como siempre, se depende de las neuras del tipo que escribe cada entrada, y esta vez ha tocado uno de esos obsesos con la Guerra Civil. Le dedica más a una semana de dicha Guerra que a la conquista de la isla. Cositas de wikipedia.

 

Sobre La Palma puedo recomendar un libro que leí hace ya varios años: Tanausú de Harald Braem, un alemán que muestra gran simpatía por los guanches y animadversión hacia los españoles (desconozco si actúa del mismo modo con los polacos respecto de sus compatriotas alemanes). A mí el libro me gustó y aclara bastante sobre los indígenas. Pero al que le aburra la novela histórica le aconsejo que se conforme con los enlaces que pongo por aquí. Os dejo otro enlace interesante.

 

Por contar anécdota, uno de los municipios de las isla se llama Los Llanos de Aridane. Resulta un nombre curioso por cuanto Aridane en la lengua prehispana significaba Los Llanos, con lo cual el nombre del pueblo resulta un tanto redundante. Este tipo de cosas fue bastante común en la conquista de América. Por ejemplo, en el siglo XVI unos navegantes españoles llegaron a la costa y se dice que al primer indio que pasaba por allí le preguntaron “¿cómo se llama esta tierra?”. El indio respondió “yuk ak tan” (no entiendo, en lengua maya). Y desde entonces aquella tierra se llama Yucatán. Menos mal que el indio no contestó “gilipollas”. En fin, disculpas por mezclar Méjico con la isla de la Palma.

 

Hagan excursiones, coman mojo picón y papas arrugás, practiquen el silbo con los cabreros, benefíciense lindas señoritas (que en los próximos meses o cambian de acera o se olvidan del tema, - a menos que se suban mujeres al barco, cosa que de momento no ha ocurrido-), paseen ahora que tienen más de 12 metros lineales para caminar… disfruten, que a partir de ahora de verdad que vendrá lo duro.  

03/01/2007 13:18 Autor: PKDOR. #. Tema: Un viaje de coña Hay 4 comentarios.

05/01/2007

Etapa 7: Rumbo SO-SO

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Ha llegado la hora de partir. Dejamos con tristeza nuestras habitaciones en el Parador Nacional, despedimos con lágrimas en los ojos unos a las chatis y otros a los cabreros del silbo, y nos disponemos a embarcar. No sin antes ultimar algunos preparativos, reponer el material y las vituallas gastadas y adquirir alguna cosa que nos faltaba. 

Dejamos el puerto de Santa Cruz de la Palma y en pocas horas ya sólo divisamos hacia popa los picos más altos de las islas. Aunque el océano Atlántico es más travieso que nuestro querido Mediterráneo la navegación es más tranquila de lo esperado. La superficie del agua es menos plana, dando una sensación parecida a la que se tiene cuando conduces por una zona de colinas con continuos cambios de rasante. Pero subimos y bajamos las colinas de agua con cierta suavidad. Alguno chulea y pregunta si era éste el mar que tanto debíamos temer y algún otro le contesta que mejor no hablar por si acaso. 

Sin ningún tipo de problema y tras dos días de navegación llegamos a la isla de Barlovento (Santo Antao para los nativos y los portugueses), en el archipiélago y país de Cabo Verde. (Aquí un par de enlaces para que perdiendo el tiempo en los blogs al menos aprendamoas algo: uno y dos)

Rodeamos la isla y desembarcamos en su costa Sur, en el pequeño puerto de Porto Novo. La ciudad nos decepciona. Con apenas 5.000 habitantes no hay más que cuatro calles sin asfaltar y unas cuantas casas y barracones. Y por supuesto mucha más pobreza de la que sería deseable en cualquier lugar (rectifico la expresión: lo deseable es que no hubiera pobreza). En cuanto al lugar nos proponemos visitar la isla para conocer la famosa selva seca de Cabo Verde (¿selva seca? quien no se consuela es porque no quiere). Esto de la selva seca consiste en los pocos restos que quedan de la vegetación de la isla anterior a su colonización: unos pocos matojos secos y chuchurríos, de los que encima apenas quedan.

Vistos los 4 matojos que había que ver y una vez pateados un par de valles descansamos un par de días más. El espíritu de aventura se impone a las ganas de visitar más islas de Cabo Verde, por lo que nos disponemos ya, por fin, a cruzar el charco.  

05/01/2007 19:49 Autor: PKDOR. #. Tema: Un viaje de coña Hay 2 comentarios.

09/01/2007

Etapa 8: Rumbo SO-Galerna

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Iniciamos la navegación con un enorme nerviosismo, pues somos conscientes de que por primera vez vamos a estar a varios días de navegación de la tierra más cercana. Dejamos atrás los últimos vestigios de tierra africana y nuestras velas se inflan empujadas por el viento hacia la inmensidad del horizonte. Cuando a nuestras espaldas apenas vemos la costa africana y tenemos por delante toda la inmensidad del océano, entendemos bien el por qué dos culturas tan distintas como la española y la inglesa pusieron el mismo nombre al cabo más occidental de su territorio (Finisterre y Land´s End). 

La radio, el gps y demás tecnología nos traen malas noticias: se avecina temporal. Debatimos si volver atrás o no, pero los mapas dicen que el temporal pasará más al norte de nuestro rumbo y !que carajo¡... somos unos valientes. Pronto el mar empieza zarandearnos como no lo había hecho antes. El barco se desliza como si fuera una montaña rusa, se ladea, sube entre borbotones de espuma que invaden la proa, da un golpetazo desagradable y se acelera hacia abajo. Y así una y otra vez. Los valientes piratas del mediterráneo se convierten en muñecos de trapo que no paran de vomitar. Es el Atlántico en toda su extensión... 

Nosotros seguimos a lo nuestro forzando el rumbo SO-SO hacia nuestra próxima isla de destino. La mar se va tornando cada vez más irascible, como si le molestara nuestra presencia. Parece que las previsiones erraron y la galerna nos alcanza de lleno. De repente el listillo del grupo (en todo grupo lo hay) nos dice Olas de altura media y mas alargadas. Del borde superior de las crestas comienzan a desprenderse rociones en forma de torbellinos. La espuma es arrastrada en nubes blancas orientadas en la dirección del viento: es lo que en la escala Beaufort se llama Mar Gruesa. Fuerza 9”. “Gracias listillo” dice sardónicamente el que no está vomitando. 

Cuando vemos en las pelis tormentas marítimas nunca nos paramos a pesar cómo se las arreglan para comer. Todo se zarandea, no puedes tenerte en pie y resulta complicado abrir cualquier armario sin que todo su contenido se desparrame por el suelo. Bien es cierto que apenas tenemos hambre, pero cuando llevamos dos días así algo tendremos que comer. La única solución es comer algo frío de lata. Así que la dieta se limita a unas pocas galletas y algún trozo de carne fría enlatada. 

Vamos por el cuarto día de tormenta y el cansancio se nos apodera. Es el otro aspecto importante de la galerna que no sale en las pelis. Cuando todo se desplaza de lado a lado con violencia, y estás empapado al límite de la hipotermia… cuando pones al límite tus fuerzas para mantener el barco a flote (y el barco en estas condiciones es tu mundo, tu vida, todo lo que tienes), cuando el agua entra en el interior de la cubierta y te sientes acojonado ¿cómo vas a poder dormir?. Sin embargo cuando pasas 4 días de tensión necesitas dormir. Así que apenas puedes mal descansar unas pocas horas con sus interrupciones para continuar alimentando el cansancio al poco rato. Un calvario.  

Al tercer día de tormenta el listillo ya dijo “Fuerza 10: Mar Montañosa. Olas muy gruesas, con grandes crestas empenachadas. La espuma se aglomera en grandes bancos y se arrastra en la dirección del viento en forma espesa. En su conjunto la superficie del mar parece blanca. El gruñido de la mar se vuelve intenso y empiezan a oírse golpes sordos. La visibilidad se reduce”. Uno de los marineros, empapado hasta los huesos mientras intenta mantener el timón gruñe: “¿golpes sordos y visibilidad reducida? Si no me lo dices no me doy ni cuenta”. 

Ya van cuatro días de tormenta y la visibilidad es aún más reducida: de día todo blanco y de noche todo negro pero con espuma. El listillo está tan acojonado que no nos dice nada de la Fuerza 11, y cuando lo vemos santiguarse, -aunque él no diga nada-, ya todos sabemos que estamos en “Fuerza 12: Mar confusa. El aire está lleno de espuma de rociones. La mar está completamente blanca debido a los bancos de espuma. La visibilidad es muy reducida.” La mar está confusa y nosotros más confusos aún. Nos vemos zarandeados de lado a lado con violentos golpes de mar, que brama, ruge, nos atemoriza… Nos quedamos sin electricidad en el barco, perdemos la radiobaliza, se funde el gps, se jode la radio, nos llenamos de golpes por los resbalones y la dificultad para movernos, estamos al límite.

Y entonces entramos en el momento escatológico en que entran todos los marineros… (curiosa palabreja que define los más bajos asuntos terrenales y los más altos celestiales).

Escatología Terrenal: Llevamos desde hace días sufriendo graves problemas para orinar y defecar. No podemos sentarnos en el inodoro del barco porque apenas lo conseguimos, y además los golpes de mar vacían el inodoro en dirección al techo con los consiguientes problemas sanitarios. Miccionar desde la borda es imposible porque el viento te echa tus propios orines en la cara, y además resulta imposible tenerse en pie. Finalmente optamos por la táctica del cubo en cubierta: te atas con una cuerda, te desahogas en un cubo y lanzas su contenido al mar como buenamente puedes… la mitad de lo lanzado cae en cubierta, pero en cuestión de segundos una ola hace un baldeo natural y se lo lleva. Lo de atarse con una cuerda no es para evitar que un golpe de mar te tire por la borda… es para evitar morir cagando, la más deshonrosa de las muertes.

Escatología celestial: Conozco a un marinero que me dijo que en situaciones verdaderamente graves todos, hasta el más ateo y anticlerical, rezan sin parar. Y a nosotros no ha llegado ese momento. Todos nos santiguamos y rezamos. Ni si quiera nos sorprende que el más ateo y anticlerical del grupo se ponga a rezar e implorar a Dios como si fuera la mismísima Santa Teresa de Jesús. Una vez nos hemos puesto místicos todos lloramos del acojono y la desesperación, aunque nadie lo nota porque vamos empapados.

Pasadas las dos fases escatológicas nos damos cuenta de que no somos nada ni nadie, sólo un puntito en la inmensidad del océano. Estamos aislados, perdidos, no sabemos dónde estamos y nuestra vida está al límite. Sólo nos queda rezar… eso sí, sin olvidar que debemos seguir atendiendo el barco, no sea que de tanto rezar nos hundamos. Pasa un día más y la tormenta no cesa. Nuestra situación es realmente desesperada…                      

(to be continued)

09/01/2007 11:45 Autor: PKDOR. #. Tema: Un viaje de coña Hay 5 comentarios.

26/01/2007

Etapa 9: Rumbo ¿?-¿?

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Cuando Errol Flyn o George Clooney padecen una gran tormenta en alta mar todo es épico y grandioso. Pero en las pelis no nos cuentan los pequeños detalles. Por ejemplo cómo el continuo contacto con el agua del mar te empapa la piel. Cómo la piel se reblandece y arruga bajo la ropa y llega a desprenderse en pequeñas bolitas gelatinosas. Tampoco nos dicen nada acerca del efecto de la sal en la piel: los continuos movimientos hacen que la ropa empapada de agua salada rocen continuamente con la piel. Lo que empieza siendo una pequeñas escoriación con picor se termina convirtiendo en una herida abierta sangrante.

La humedad entumece los músculos, el dolor te agarrota, la sangre brota de las ingles y de los sobacos y empapa la ropa interior. Los ojos enrojecidos por la sal y el cansancio apenas pueden mantenerse abiertos… pero lo peor no es todo esto. Lo peor es que no puedes ni preocuparte de tus dolencias porque hay que estar atento y despierto. Un error y te comerán los peces en el fondo del mar… No. Todo esto no nos lo cuentan en las pelis…

La tormenta comienza a amainar, pero no por ello deja de dar miedo. El barco se mueve como en una montaña rusa. Sube, pasa el momento crítico de la cresta de ola y baja al fondo del valle que forman las olas. En algunos momentos nos encontramos en el fondo del valle rodeados de columnas de agua por los 4 costados. Es estremecedor.

Tras un día y una noche más el tiempo amaina. Por fin la mar está en calma. Estamos tan reventados que decidimos descansar antes de tomar decisiones, así que se queda uno de guardia para mantener el barco al pairo hasta que decidamos qué hacer. Tras los turnos de rigor por fin todos hemos podido descansar algunas horas. Ha llegado el momento de reunirnos en cubierta y hacer balance de los daños: alguna vela rota y algún cabo suelto… nada que no se pueda resolver con un poco de trabajo. A esto se le llama suerte. Lo peor es que no funciona ningún elemento electrónico: ni al radio, ni el gps, ni las cartas digitales de navegación. Nada… El manitas se pone manos a la obra para arreglar la electrónica, pero de momento sólo puede nadar en un mar de cables sin solucionar nada.

A continuación viene lo más importante: saber dónde estamos. A falta de electrónica siempre nos quedará el sextante, pero el cielo sigue nublado. Y así no se pueden realizar mediciones de paralelaje. Así que, en la madrugada tenemos que apelar a la lógica. Primero nos damos cuenta de que hace mucho calor. Luego nos fijamos en que amanece repentinamente… Primera conclusión: debemos encontrarnos cercanos a la línea del ecuador. El calor es sintomático, pero los amaneceres y atardeceres sin crepúsculo son la confirmación.

Ya sabemos la latitud, pero nos falta determinar la longitud. Con tanto oleaje y movimiento hemos perdido completamente la noción del espacio, así que lo mismo estamos junto a Guinea que junto a Brasil. Se escucha un golpe suave… algo ha chocado contra el casco del barco. Nos asomamos por la amura de estribor y vemos que se trata de un árbol… sin duda nos encontramos cerca de la costa. Insectos… vemos nubes de mosquitos, algunos pájaros. Sí que estamos cerca de la costa.

De repente me doy cuenta de un detalle importante. El agua está completamente marrón. Mi cabeza por una vez se pone a funcionar y cuando veo que alguien pretende orinar por la borda le grito -“¡¡¡¡quieto!!!!” Y de un golpe lo tiro hacia la cubierta. A continuación salen dos marineros más con unas cervezas para disfrutar del primer momento de relax en una semana… me lanzo sobre ellos, se las arrebato, las vuelvo a meter en la nevera, cierro el candado y grito - “¡¡ la cerveza queda prohibida!!”. Cuando me dispongo a explicar mis razones uno ha cogido el bichero, otro un cuchillo y otro un arpón y se dirigen contra mí con caras asesinas. Me subo a lo más alto del mástil… motín a bordo.

Nadie atiende a razones cuando yo intento explicarme: “estamos en el ecuador y el agua esta marrón. Eso sólo significa una cosa: estamos en la desembocadura del Amazonas”. El cabecilla de la rebelión carga el arpón y me apunta con cara de pocos amigos. Le miro y, casi suplicante grito - “¡¡CANDIRÚ!!”. El arponero duda, se lo piensa, y repentinamente baja el arpón, lo descarga y se sienta… “ey, dejadle bajar de ahí”, dice a los demás.

Todos se calman y entonces el mismo arponero explica el por qué de mis decisiones: - “estamos en la desembocadura del Amazonas, el único río del mundo capaz de convertir en agua dulce toda el agua que encuentra 300 km. mar adentro. Y donde hay agua dulce habitan animales de agua dulce. Y de entre los pececillos de agua dulce que habitan el Amazonas se encuentra el simpático candirú o pez vampiro, que vive de chupar la sangre de otros peces enganchándose a sus agallas”.

- “¿Y a mí qué?” contesta un valiente con la cara enrojecida.

- “¡Calla melón! Y escucha. El candirú mide entre 2 y 7 cm y es transparente, lo que lo hace indetectable en el agua. Pero lo más curioso es que siente una inexplicable atracción por la orina. Cuando alguien mea este simpático pez se pone muy feliz y contento. Y lo celebra con alegría metiéndose por el orificio. Tú sólo sientes un dolorosísimo y tremendo pinchazo y, cuando te quieres dar cuenta lo tienes dentro. Sí, sí, lo has entendido bien. Dentro de tu picha. Allí el candirú prosigue con su simpatía y te clava unos ganchos en la uretra que hacen que sea imposible sacarlo porque te desgarrarías y destrozarías tu querido amigo el miembro. A partir de ahí todo depende de la simpatía del pececillo y de tu suerte. El pobre animalillo te chupa la sangre (que para eso es el pez vampiro), y si tienes suerte se siente realizado y se queda paradito dándote tiempo a llegar a un hospital donde abrirán en canal tu querida picha para sacarlo. Pero como le dé por buscar su lugar en el mundo estás perdido. En su búsqueda se mete cada vez más dentro mientras provoca peores y más cruentas heridas internas. Te destroza el esfínter, te destroza la próstata y, mientras notas unos "bocaos" en el escroto terminas muriendo desangrado entre alaridos. O eso o el cuchillo... tú ya me entiendes. Yo personalmente prefiero morir de forma deshonrosa (véase la etapa anterior acerca de la muerte sin honor), que morir como un héroe con un candirú en la picha."

- "Vale que hay water en el barco" - añado, - "pero el water desagua en el mar y podría colarse algún candirú. No seré yo quien use el water ni quien mee por la borda. Y por si acaso no beberé cerveza..."

El valiente torna el rojo de su cara en un blanco cobarde mientras sudores fríos le recorren la frente. La rebelión ha acabado y todos me agradecen los avisos. Por lo demás nos olvidaremos del motín: primero porque ya no se estila colgar a la gente de los pulgares, segundo porque me quedaría solo y tercero porque es comprensible un motín cuando prohíbes beber cerveza después de una semana soportando una galerna.  

En una cosa nos ponemos todos de acuerdo: No sabemos qué sería peor. Sufrir el candirú en nuestra propias carnes o ver a un compañero con el candirú dentro. 

Finalmente la nubes se disipan y podemos hacernos una idea de hacia dónde dirigirnos. Así que continuamos viaje hacia nuestro destino inicial, del que nos hemos desviado tan solo un par de miles de kilómetros. Nada que no se arregle con un par de semanas de navegación...

26/01/2007 16:39 Autor: PKDOR. #. Tema: Un viaje de coña Hay 5 comentarios.


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