Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2007.
Cansados. Estamos cansados. Más bien derrotados. Llevamos ya demasiados días sin pisar tierra y hemos soportado todo tipo de penalidades. La tormenta ecuatorial, la aventura amazónica… han sido demasiadas emociones, demasiadas noches sin dormir, demasiados riesgos y demasiado movimiento. No obstante somos gente ruda y soportamos lo que nos echen. Así que decidimos emprender rumbo hacia una isla paradisíaca donde reponer fuerzas y sobre todo arreglar los desperfectos del barco y repostar combustible.
A pesar de que no nos queda ni gota de gasoil estamos teniendo suerte con los vientos. Nos soplan de popa ya la velocidad justa para navegar rápido pero sin riesgos. Pronto dejamos las dulces y peligrosas aguas marrones amazónicas. Desprecintamos el inodoro y nos ponemos hasta las cejas de beber cerveza para celebrar que podemos ser devorados por tiburones, pero al menos ningún animalito se meterá por nuestra uretra a mordernos el escroto… una gran noticia. Realizamos lo que en el colegio nos enseñaron que se llama navegación de cabotaje (los jóvenes logseros que cuando oyen navegar piensan en un ratón y una pantalla TFT no creo que sepan lo que es cabotaje). Vemos la costa a poca distancia.
Sabemos que hemos dejado atrás el estado de Pará porque apreciamos perfectamente las recortadas costas de Maranhao, e incluso vemos las primeras luces de la ciudad de Sao Luis ya próximo el atardecer. Nos acercamos un poco más a la costa y vemos una bonita imagen de las dunas de Parnaíba, en la costa del estado de Piauí. Seguimos la ruta y cuando costeamos el estado de Ceará podemos apreciar las luces de Fortaleza; estamos tan cerca de la costa que podemos apreciar perfectamente los edificios de la ciudad. (Os dejos enlaces simplemente por la curiosidad de descubrir estados brasileños poco conocidos del tamaño d ela mitad de españa o más). A partir de aquí nos separamos de la costa y nos dirigimos hacia una nueva isla. La travesía es, por fin, tranquila. El mono está pendiente de que el gps funcione correctamente y de momento no tenemos ningún percance.
Al día siguiente aún nos queda otra jornada de navegación, pero estamos tan cansados que decidimos fondear y tomarnos un descanso en el Atolón das Rocas:
Ficha de la isla:
Ficha técnica: Como siempre a la wiki.
Habitantes: Dos guardas medioambientales-tortugueros que viven en la única construcción de la isla: una cabañita sencilla y algo cutre.
Curiosidad: Otra isla que no sabía que existía. (joer, lo que estoy aprendiendo)
Estatus: Declarada Patrimonio de la Humanidad. Es parque ecológico marítimo. Aquí nació el proyecto tortuga, para salvar diversas especies de tortuga en peligro de extinción. Al parecer hasta 1978 se cazaban impunemente, de tal forma que casi se extinguieron. Finalmente el gobierno brasileño dejó de bailar samba por cinco minutos para dictar un decreto de protección de la isla y prohibir la caza de tortugas. Ahora es un paraíso para las tortugas. Allí los naturalistas las cuidan y estudian y han conseguido que poquito a poco se recupere la población. Es de destacar la tortuga de Carey, que estaba prácticamente extinta y es rara de ver.
Fondeamos en la isla con el barco en movimiento constante de lado a lado (las aguas por aquí no son muy tranquilas). Pero cuando tomas el bote neumático y pasas al interior del atolón el agua cristalina se vuelve tranquila e invita al baño inmediato. De la cabaña sale una preciosa morenaza brasilera digna del playboy. Peligro. Tras semanas en alta mar y en el Amazonas nuestras neuronas están enloquecidas y nuestras hormonas embravecidas. El más lanzado le pregunta que si tiene hechas las ingles brasileñas mientras nuestras sonrisas de boy scout en celo nos delatan. Ella nos mira sobrada y, sin inmutarse, nos contesta con su bello acento de samba: “Eso no lo sabrás, pero si quieres Marcelo puede hacerte a ti las ingles brasileñas”.
Marcelo sale de la cabaña. Es mulato. Es grande, muy grande. Tiene cara de naturalista ecológico con muy mala leche. Su brazo tiene el diámetro de cualquiera de nuestra caderas. Dejamos estar lo de las ingles brasileñas y la parejita ecológica nos enseña los secretos de las tortugas y cómo ellos hacen su trabajo. Incluso vemos cientos de pequeñas tortugas recién nacidas emerger en la arena y dirigirse hacia el mar.
Pasamos un par de días en la isla. El mono se dedica a dormir la siesta sobre los caparazones de las tortugas y nosotros, mientras alguno que otro se alivia por ahí, soñamos con llegar a nuestro próximo destino y descansar en una isla con más mujeres y menos marcelos.

Salidos estamos del Atolón das Rocas y tenemos unas ganas locas de llegar nuestro próximo destino: una isla turística y paradisíaca a sólo una jornada de navegación. Emprendemos viaje en alegre algarabía rumbo SE-SE directos a la isla esperada…
Pronto nos damos cuenta de que el viento no sopla. Estamos parados en el mar. No nos importa demasiado. La ilusión por dormir en una cama, de pisar suelo estable, de visitar un bar, de cenar como señores, de andar más de 12 metros lineales, de relacionarnos con garotas… esa ilusión puede con todo. Así que continuamos parados y continuamos con la alegre algarabía a base de chistes, cerveza, risas y una lata de olivas abierta para la ocasión.
Siete horas después se nos han acabado las risas, los chistes, las cervezas y las olivas, pero seguimos en el mismo sitio. No sopla el viento y no tenemos gasoil, así que estamos a merced de la calma chicha.
Calma chicha. Una palabra maldita para la navegación a vela y bastante habitual en latitudes ecuatoriales. La responsable de que en el pasado se encontraran barcos con toda la tripulación muerta de hambre y se desataran las leyendas sobre barcos fantasma. La responsable también de que estemos ya 3 días sin movernos y bastante desesperados. Sólo una leve corriente nos lleva muy lentamente hacia el rumbo equivocado: N-NE…
Nos encontramos en alta mar, solos, sin nada que hacer, y esto es lo más peligroso para la convivencia. En estas circunstancias la historia está llena de tripulaciones que terminan matándose a cuchilladas. Sin embargo a nosotros no nos pasa de esto, y no precisamente por ser psicológicamente fuertes. Nosotros tenemos al mono…
Alguien no ha tenido mejor idea que enseñar al mono a jugar al poker y nos pasamos las horas en partidas interminables. Cuando nos cansamos el mono nos prepara mojitos y nos los tomamos bajo un impresionante cielo estrellado. Al llegar el día el mono monta una nueva timba. De esta forma pasamos diez días sin problemas psicológicos pero bastante arruinados… el mono ha resultado ser un jugador al que echarían de cualquier casino de Las Vegas porque lo desplumaría como hace con nosotros.
Finalmente, tras dos semanas de juego y mojitos y con una lentísima navegación rumbo N-NE el mono comienza a saltar de alegría. En principio pensamos que es porque lleva un póquer de jotas, pero pronto nos damos cuenta de el mono no sólo es el que mejor juega, sino el que mejor vista tiene. En el horizonte se ven unas pequeñas islas… la carta de navegación y el gps no engañan: es el Archipiélago de San Pedro y San Pablo.
Ficha de la isla:
Ficha técnica: Extrañamente hay que acudir a la wiki (En esta ocasión es la única referencia que he encontrado).
Habitantes: Un investigador oceanográfico de la marina del Brasil.
Curiosidad: Otra más de las islas/archipiélagos que hay entre África y Brasil. (Yo reconozco que no sabía de la existencia ni del Atolón das Rocas ni de este pequeño archipiélago ni de nuestro próximo destino)
Estatus: Aunque están en medio de la nada políticamente pertenece a Brasil. Se trata de unas pequeñas islas volcánicas deshabitadas en las que ni si quiera hay agua potable. Hay allí un pequeño faro y una cabaña con el investigador ése de antes (ver sección habitantes) y que, sinceramente, no sé qué cojones investigará en tan remoto e inhóspito lugar. Otra imagen aquí.
Como no hay fondeadero anclamos el barco cerca de la cabaña y nos acercamos a la isla en la pequeña zodiac. De repente sale saltando el investigador oceanográfico, que parece un náufrago abandonado a su suerte. Está loco de contento. Nos cuenta que lleva allí 1 mes sin ver a nadie y que el Botafogo ha perdido contra el Flamengo por 4 a cero (al menos tiene radio el pobre). Está jodido por el resultado y nos confiesa que entre investigación e investigación ha aprendido a hacer un licor de algas impresionante. Nos lo da a probar… sabe a demonios pero no podemos hacerle un feo al muchacho. Así que bebemos.
De repente saca un pito y al grito de “¡¡¡pitu du sssamba du brrraaaasssiiiil” comienza a pitar un ritmo de samba y a bailar. En principio pensamos que está loco pero a la tercera botella todos bailamos samba como posesos. No sabemos si es por el licor de algas o porque después de los fados de las islas salvajes (etapa 5) cualquier cosa nos parece divertida. La fiesta termina con el fulano llorando como un niño y gritando “cul de garoooootaaaa”. Todos terminamos llorando con él.
Al día siguiente nos levantamos con un dolor de cabeza espantoso y con la piel de color verde, como si fuéramos marcianos. Parece que el licor de algas no ha pasado ningún control de sanidad, pero en nuestra verde apariencia somos comprensivos con nuestro anfitrión y le regalamos una caja de ron que nos agradece infinitamente.
Finalmente, al inicio de la primera brisa decidimos embarcar y dirigir nuestra proa rumbo SO-SO. Nos dirigimos a nuestro destino más deseado por el momento, a la isla paradisíaca. Pero recordando al pobre investigador oceanográfico no podemos más que pensar que todos los solitarios habitantes de islas perdidas están salidos, borrachos y locos de remate. Bueno, todos menos la garota morena y Marcelo (Etapa 11)… y tras llegar a la conclusión de que el sexo evita la dipsomanía y la locura, decidimos llegar cuanto antes a nuestro nuevo destino para evitar el alcoholismo y la locura. Será por eso o por el color de la piel, pero estamos de un verde...
Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/